Jocasta de Tebas reina en Alianza Tebana y en Secred Band. Asato es webmistress de Goldsaints y Sakikage. (Actualmente en mantenimiento).

 

 

Yaoi también conocido como "Boys' Love" (amor entre chicos), es un término de origen japonés que engloba todas aquellas obras enfocadas sobre relaciones homoeróticas u homo-románticas dirigidas hacia el público femenino, siendo éstas generalmente creadas por una mujer. Este término también se usa para clasificar todo trabajo realizado por aficionados sobre sus series favoritas (doujinshi) en donde la trama principal trata de la historia del amor homosexual idealizado entre los personajes. Generalmente, en estas obras, las parejas cumplen con la fórmula de seme (atacante, quién vendría a cumplir un rol dominante en la relación) y uke (quién recibe, el que cumple el rol sumiso o pasivo).

Una vez definido el vocablo gracias a la ayuda de nuestra amiga Wikipedia, nos vemos en la obligación de hacer un inciso para avisarte, querida lectora, de que si buscas un artículo plagado de información, orígenes, etimología y realidad actual del yaoi, esto que tienes ante tus ojos no colmará tus expectativas. Y te lo decimos porque cuando mi querida colaboradora y yo (a la cual le debo todos y cada uno de los preciosos minutos gastados en pajas mentales y en la búsqueda de documentación) nos pusimos a recopilar información sobre el tema, sabíamos que lo que no queríamos era hacer una redacción sobre el yaoi, sino contarte nuestra historia, cómo descubrimos el yaoi, cómo nos aficionamos a él y cómo hemos dado respuesta a las dudas que se nos han planteado en algún momento de nuestra trayectoria.

Las conclusiones que vas a leer en estos párrafos no son determinantes, sino fruto de nuestra propia experiencia. Somos conscientes de que al decidirnos a abordar un tema como este, que tantas horas de diversión nos ha proporcionado, nos estamos metiendo en un terreno complicado, puesto que esta afición no está normalmente aceptada (como algo habitual, como leer el periódico) por la sociedad en la que nos ha tocado vivir. Basta con enseñar nuestros mangas o animes a cualquiera que no esté inmerso en el fandom para que nos mire con cara rara, ya que no sólo va a ver a dos hombres realizando prácticas sexuales, sino que, además, esos dos hombres son dibujos animados. ¿A quién no le han dicho “a ver cuándo creces”, o “vaya cosas más raras que te gustan” más de una vez? Esto nos deja muy claro que el ámbito de influencia del yaoi y, por ende, su público consumidor, es un determinado grupo de personas: en su inmensa mayoría mujeres jóvenes, que compran o se descargan sus mangas y animes principalmente desde páginas y foros de Internet, y que sus relaciones con otros fans suelen realizarse a través de este medio, o bien por mensajes en foros, bitácoras personales, redes sociales, etc.

Al tratarse de un producto con marcado tinte sexual (sobre todo en el caso de los mangas actuales) y ser una actividad que mayoritariamente se realiza a través de Internet, adentrarse en este mundo en soledad requería pasarse muchas horas navegando y visitando páginas con todo tipo de fortuna. Y claro, cualquier historia con elementos que se pudieran tildar de yaoi (acercamientos entre personajes, abrazos, besos) la guardábamos en el disco duro para consumo íntimo y para intercambiarlas con todo aquel que, al igual que nosotras, disfrutaba con este apasionante tema. Y lo hacíamos de esta manera porque no todo el mundo está preparado para saber qué cosas nos dedicamos a buscar por Internet. Pero lo que empezó con las risas propias de aquel que descubre al vecino cometiendo un pecado, ha ido cambiando con el paso del tiempo. La apuesta del mercado japonés hacia la animación de series originales (las dibujadas por Nitta Youka, o la exitosa Togainu no Chi, por ejemplo) y la aceptación que éstas han tenido fuera de sus fronteras nos ofrecen un amplio abanico de posibilidades para disfrutar del Boys Love, o el amor entre muchachos, que va desde juegos, series yaoi, mangas, doujinshis y todo tipo de merchandising relacionado con esos personajes que nos parecen tan kawaii.

Pero Japón, desgraciadamente, nos queda muy lejos y aunque no es demasiado complicado encontrar mangas traducidos al castellano en los diferentes países de habla hispana, sólo hay que darse una vuelta por el quiosco para llevarse una gran decepción: infinidad de videos hentai/ecchi a la venta y ninguno de temática yaoi (y mucho menos, yuri). ¿Es que no hay mercado? ¿Es que no hay aceptación? En teoría, sí. España y Argentina han legalizado el matrimonio homosexual, por lo que estos dos países, que esperamos sean los primeros de una larga serie, demuestran un avance en el terreno legal y cultural sin precedentes. Sin embargo, no es este público el consumidor preferente del yaoi. Es tónica habitual confundir el movimiento homosexual/lésbico con el yaoi, y por ende, confundir a sus consumidoras con lesbianas. Y aunque alguna habrá, no todas las mujeres que seguimos series de este tipo lo somos, puesto que cuando le echamos un vistazo a una de ellas (pongamos Junjou Romantica, de Shungiku Nakamura) nos encontramos con historias románticas donde el hilo principal nos relata las aventuras y desventuras de pares de hombres bellos (y digo pares porque son historias de diversas parejas, todos amantes de otros hombres), una serie de eventos en los que se ven involucrados y el desenlace, que suele ser una vida en común donde comen perdices y follan hasta quedarse secos con un sexo tan perfecto como ellos mismos.

Y todo esto las editoriales lo saben, y por ello los títulos traducidos al castellano se pueden contar con los dedos de una mano. Saben que el mercado no es mayoritario, saben que la venta de productos y merchandising yaoi no tiene los mismos resultados que las ventas de shojo, shounen ni hentai, y su política es ignorar las novedades que aparecen en el mercado japonés e incluso detener la venta de las series licenciadas en castellano (Norma y Glenàt España han seguido esa trayectoria de mercado). Pero no todo el panorama es tan negro. Siempre hay iniciativas (pequeños estudios de dibujantes que lanzan sus mangas directamente en castellano, como el grupo Studio Kosen, y editoriales, como La Cúpula, que tienen su propia línea yaoi, aunque con muy pocos títulos), pero nos saben a poco, sobre todo si vemos la proliferación de sitios (foros, comunidades, bitácoras, páginas de scans, páginas de fansubs) y todo el movimiento que se realiza en ellos (fanarts, fanfics), de todo tipo, calidad y desarrollo.

Llegados a este punto, tenemos que hacer hincapié en que el yaoi es una manifestación homoerótica entre dos personajes, pero no es porno homosexual. A simple vista, no debería haber diferencia, pero la hay y es sustancial: el yaoi siempre estará protagonizado por dibujos, en la mayoría de los casos con una belleza imposible y de rasgos estereotipados. La otra vertiente, el slash, cubre el resto del panorama, pero con personas de carne y hueso, interpretando a personajes ficticios o reales. Y nos reiteramos en que no es porno homosexual porque si bien las historias involucran a dos chicos, sólo hay que poner a una recién llegada al yaoi ante la imagen de dos fornidos muchachotes realizando un coito anal y ver su reacción. Estamos seguras de que la primera impresión será de vergüenza (lo digo porque yo la tuve) y luego de extrañeza o incluso repulsión. ¿Por qué, entonces la reacción ante una relación sexual yaoi no es idéntica a la del porno homosexual? Por algo muy sencillo: porque los personajes son la idealización extrema de unos conceptos en los que las seguidoras japonesas se ven reflejadas, y ahora somos las occidentales las que los interiorizamos y los toleramos, quedándonos solamente en la estética, sin reparar en el trasfondo cultural, social y económico del lugar donde se ha generado el producto.

No podemos perder de vista el hecho de que la historia japonesa ha discurrido por unos derroteros que la mayor parte de los profanos en la materia podríamos tildar de romántica. Basta con ver cualquier película de Kurosawa Akira para encontrarnos con un espíritu tan distinto al nuestro que resulta casi imposible extraer arquetipos socioculturales para su comprensión sin desvirtuarlos por completo. Batallas épicas, honor, sangre, virtud, suicidio ritual, todo esto pervive en la memoria colectiva de un pueblo que nos resulta tan fascinante como lejano. Y estas ideas (al igual que la terrible discriminación entre hombres y mujeres) han calado hondo en el anime, y las historias con un marcado tinte feudal, con shogunes y guerreros samurai vestidos con ropa actual, han poblado los guiones.

En las historias de contenido yaoi, vamos a encontrarnos una serie de arquetipos que se repiten en la inmensa mayoría de las publicaciones. Como las mujeres no existen (o las que existen son: bien quienes tratan de impedir que la relación de nuestros héroes se consuma, o bien simplemente, fanáticas del BL), aparecen dos roles muy marcados. Se trata de los consabidos “seme” y “uke”.

Si algún día probáis a leeros alguna historia del autor Tom de Finlandia, os daréis cuenta que existe un activo y un pasivo pero que son bastante similares física e intelectualmente, y que la motivación de los personajes es pegarse un buen revolcón. En el yaoi, en la inmensa mayoría de los casos, nos encontraremos con un tipo de personaje con el que se van a identificar un grupo de lectoras, bien porque les gustaría tenerlo para ellas, o bien porque ellas quisieran ser sus salvadoras, sus protectoras. Es el uke el que suele actuar como pasivo y el más femenino de los roles. Y no confundamos “femenino” con “amanerado” porque en el yaoi, o se es homosexual, o se está contra los homosexuales. La pareja protagonista luchará contra viento y marea por su relación, su amor no tendrá límites, y si la sociedad no los acepta, vivirán escondidos de forma pecaminosa y amándose todas las noches con ardor y pasión, aunque al inicio les cueste prender esta llama. ¡No olvidemos que son dos hombres! El uke suele ser el que cocina, el que se queda en casa, el que limpia y el que mantiene todo en orden, como una perfecta esposa japonesa. Su aspecto físico pasa por ser espigado y delgado, con voz fina, rasgos caucásicos (pelo claro, ojos azules o verdes, rostro angelical, Akihito en Viewfinder, de Yamano Ayame) y en el sexo no toma la iniciativa. Se queda tumbado en la cama de forma pudorosa, gimiendo y tapándose la cara y sonrojándose cuando se le meten entre las piernas. Durante mucho tiempo, este fue el estereotipo que complementaba la figura de su antagonista, el seme, el varón, el hombre de la relación. De complexión más ancha, con voz más grave, de más edad, su fortaleza se demostraba tanto en las peleas en las que se metía (Asami, en Viewfinder, de la misma autora) como en su actitud en la cama. No duda en tomar lo que desea de una manera u otra, y el sexo con él es orgasmo garantizado. Aunque el uke no quiera.

Esta tendencia a disgregar entre seme y uke se ha vuelto cada vez más liviana y se nota en la producción de algunas mangakas de renombre. Algunos títulos de Youka Nitta —When man loves a man— nos revelan hombres con aspecto de hombre (sí, todos homosexuales, pero eso es condición para publicar yaoi) y con rasgos que no están tan marcados como en otras historia de esta creadora —Casino Lily—. Esta es la evolución real del yaoi. Nuevo público demanda nuevas cosas y el mercado se reinventa. Ya ha llovido mucho desde el título La Balada del Viento y los Arboles y nos encontramos en la época de la animación de la serie Togainu no Chi. Las nuevas generaciones de consumidoras tienen ahora una visión más amplia, y demandan otro tipo de relaciones, más complejas, o con más matices. Los roles se equilibran, aunque no llegan a ser iguales, porque si lo hicieran dejaría de ser yaoi. Esto garantiza una mayor acogida entre el público consumidor y, por ende, más ventas.

Y si nuevas generaciones de consumidoras demandan historias acordes con el tiempo en el que viven, las producciones que ahora están en antena se destacan por el recrudecimiento de la estética con gran aceptación por parte del público que compran los mangas, siguen los anime y adquieren el merchandising asociado. Creaciones de marcada línea BDSM en las que la mangaka Tori Maia fue precursora, así como la famosa serie Bronze/Zetsuai, de Minami Ozaki (y su colección de imágenes, publicada en álbumes complementarios a la serie) y la nada despreciable NANA, de Ai Yazawa, (esta última, shojo) que impone un estilo de moda punk inspirado en la época de los Sex Pistols y con diseños claramente influenciados por Vivianne Westwood, han conseguido que el cuero, las chinchetas, los látigos y las correas sean atrezzo habitual en las historias actuales.

La serie de animación Togainu no Chi es un claro ejemplo de esta estética que parece haberse impuesto en las historias de peleas. Ésta en particular tiene tintes yaoi porque uno de los personajes, el Árbitro, tiene como mascota a un muchacho llenos de piercings, ojos tapados y con una mordaza de castigo en la boca. El perro, como lo llama, es su mascota sexual y en varios fundidos en negro nos imaginamos que mantiene relaciones sexuales con él. Una gran cantidad de doujinshis de esta serie tocan el tema de la dominación y la sumisión de una forma directa, y emparejan a los protagonistas, Akira y Shiki convirtiéndolos en Amo y Esclavo con toda esta estética de cuero, correas, clavos, mordazas y tortura que tanto nos llama la atención.

Y así como es habitual ver a nuestros personajes preferidos portar katanas y asesinar alegremente a sus adversarios, para el público japonés también es habitual ver una serie de acontecimientos que, si bien son más sórdidos que cortarle la cabeza a un individuo muy poco agraciado, lleno de tatuajes y con menos estilo y glamour que el protagonista de la historia, no dejan de ser tan abominables como el asesinato o la tortura. Nos referimos, obviamente, a las violaciones (junto con el Síndrome de Estocolmo subyacente) y a un subgénero muy extendido dentro del yaoi: el shotacon.

Queremos dejar claro que no estamos ni a favor ni en contra de este tipo de recursos en las obras de las mangakas. Pero es muy curioso que una mujer sea más capaz de soportar la violación de un personaje masculino que la de uno femenino, y por eso nos aventuramos a lanzar esta premisa: “Las mujeres no se ven reflejadas en los personajes de las series yaoi”. Quizás esta frase choca de plano con el hecho de que un gran grupo de seguidoras sienten tendencias materno-salvadoras hacia el uke de la serie, tanto activa como pasivamente, o bien protegiéndolo, o bien enfrentándose a su agresor, pero son capaces de diferenciar entre sus propios sentimientos y los sentimientos del personaje. Esto ocurre porque en las violaciones de hombres hechas por hombres, la mujer actúa como mero espectador, sin sentirse involucrada en el proceso, cosa que no ocurriría en el shojo, donde la protagonista busca ser una proyección de la lectora, para que lectora y personaje estén en la misma sintonía. Incluso los roles que tienen las mujeres en las series yaoi son de fanáticas fascinadas con el amor BL, o enemigas de tal o cual personaje protagonista, por lo que la barrera sigue existiendo, no se diluye. Es cierto que se toma la agresión como algo terrible pero no con la misma intensidad que si estuvieran atacando a un personaje femenino o a la protagonista de un shojo.

Uno de los ejemplos más claro está en la serie Gravitation, de Maki Murakami. En ella, Shuichi Shindou es un uke de pelo rosa que es cantante y se enamora de un seme llamado Yuki Eiri, escritor. Su pasión por él lo hace perseguirlo, enfrentarse a sus propias convicciones sexuales e incluso aceptar que una prometida suya ocupe su lugar, porque es lo establecido. Sin embargo, la autora utiliza el recurso de la violación como venganza de los rivales musicales de Shindou hacia el amor incorrecto que siente este por Eiri. Si no acepta ser violado y fotografiado, ellos le contarán a la prensa toda la historia. Shindou acepta, por lo que tras una ardua sesión de sexo ¿consentido? con varios hombres, llega a casa de su amigo Hiroshi lleno de heridas. Este se encamina a casa de Yuki y le echa en cara su forma de comportarse. Como buen seme, Yuki se enfrenta a los agresores y les da una paliza. El honor de Shiuchi ha sido vengado.

Hasta aquí, puede ser una historia más o menos normal, si no fuera porque hay ausencia completa de traumas posteriores a la agresión. En los tomos que siguen a la historia, no llega a verse ni un ápice de tristeza en el personaje; si bien sigue teniendo los problemas de siempre con su amante, no recuerda el episodio en ninguna viñeta más, de la manera que cabría esperarse. Las lectoras aceptan este recurso porque significa que Yuki, el seme, hará algo para compensar la afrenta. Porque Shuichi necesita ser salvado, amado y protegido y este percance que ha sufrido significará acercarse un poco más al corazón del helado Eiri. ¿No es una forma de demostrarle su amor, dejarse vejar por una banda de hombres horribles? ¿No es una estupenda manera de hacerle ver que él es el que más le ama, ya que está dispuesto incluso a soportar algo así? Así lo entiende la lectora, un sacrificio romántico, por un bien superior, olvidando la agresión en sí, porque al final, ellos estarán juntos para siempre y todos los problemas quedarán en el olvido.

Otro ejemplo lo podemos encontrar en las historias de Naono Bohra, donde la violación es un recurso para que el uke se enamore del seme. ¿Cómo no va a hacerlo, si cuando lo viola es porque lo desea tanto que no puede estar sin él? No hace caso ni a gritos ni a súplicas. Simplemente, termina su acción y luego pide perdón. Y por supuesto, el uke lo perdona y se da cuenta que lo ha violado porque lo ama demasiado.

Esta autora utiliza un recurso ampliamente extendido por los miles de doujinshis y de mangas que circulan en Japón (y fuera de sus fronteras) en la actualidad. Y lo usa porque el público lo acepta, y el público lo acepta porque, en definitiva, es capaz de alzar una barrera de protección ante este tipo de aberración. No se ven reflejadas en la víctima, sino en la disyuntiva que tiene el agresor para realizar un acto tan macabro. De no ser así, Minami Ozaki no habría tenido tantas ventas de su Zetsuai since 1989, y mucho menos de su continuación, Bronze, a pesar de que los personajes llegan incluso a mutilarse físicamente. Y tampoco Iason, que tantas veces tuvo a Rikki bajo su dominio, tendría seguidoras, en la serie de animación Ai no Kusabi.

El otro movimiento al que hicimos referencia varios párrafos antes es el que se conoce como Shota o Shotakon. El Shotakon/Shota nos involucra en historias sobre las relaciones que se producen entre niños y adultos, que pueden (o no) tener contenido erótico. Al igual que ocurre en yaoi (y en su vertiente más light, el shonen—ai), el shota sólo incluye a protagonistas masculinos que buscan seducir al lector y a sus pares por medio de su inocencia y belleza juvenil. Para un profano, el shota se suele asociar con temas de pedofilia y abuso sexual a menores, debido a las temáticas altamente sexuales de algunas historias.

Llama la atención ver cómo los japoneses, a pesar de la asociación del género con estos temas tan escabrosos, logran manipular esta realidad y convierten las historias shota en relatos atractivos donde estos niños están de acuerdo en mantener relaciones con personas mayores, ya que se sienten protegidos y/o guiados por los hombres a los que ellos admiran y que, por ende, deciden tomar como pareja, llevando en cierto modo el control sobre los adultos, por lo que la relación entre ambos dista de ser abusiva. Por otro lado, cabe destacar que el sexo no es un factor necesario en las historias shota, de manera que las relaciones que se plantean oscilan entre las de admiración por el otro (belleza/fuerza) hasta otras donde el sexo es el factor que mueve a ambos personajes a unirse.

Un ejemplo de una interacción netamente sexual entre hombre-niño es la primer OVA de Boku no Pico, producida por Natural High (2006). Durante la historia, podemos ver como el protagonista (un preadolescente) seduce inocentemente a su objeto de deseo por medio de su inocencia infantil y belleza física: un hombre que, finalmente, guiado por su instinto sexual, decide iniciar al personaje principal sin que éste dude de si lo que está haciendo es apropiado o no para la edad que tiene.

En la misma línea pero sin caer en el shota, está la serie de manga y anime Okane ga Nai, de Hitoyo Shinozaki y Tohru Kousaka. En esta ocasión, Ayase, el sujeto de rasgos angelicales y belleza inocente (aunque aquí ya le han subido la edad y tiene 18 años, para evitar las consabidas censuras) es subastado como un animal a causa de las deudas contraídas por un familiar suyo. Kanou, el mafioso prestamista y, por ende, el adulto de la relación, lo compra, y a lo largo de la historia, trata de forzarlo a enamorarse de él puesto que el propio Kanou alberga sentimientos hacia su nueva propiedad nada acordes con su físico y la profesión que practica.

Es muy curioso el hecho de que Kanou tome a Ayase como si fuera una mascota, un ser al que cuidar y proteger pero al que no duda en forzar a mantener relaciones sexuales. La parafernalia de las alas de ángel en el cuerpo del joven, los ojos enormes y llenos de lágrimas, la voz de niño y su extrema delgadez son rasgos característicos de los personajes shota que hemos podido ver hasta el momento. Una trama similar de abuso sexual a causa de los impulsos incontrolables del protagonista podemos verla en las OVAS Maiden Rose. En esta historia, un joven militar de graduación que eligió en el pasado a un compañero de academia extranjero como caballero, soporta en silencio dos tipos de humillaciones por parte del otro protagonista: por una parte, está el abuso, y por la otra, el hecho de la mancillación de su honor, de su estirpe, del desprecio hacia todo lo que le han enseñado (la distancia, la frialdad, el saber comportarse, el saber estar japonés) y hacia todo lo que simboliza (como representante de una estirpe de guerreros elegidos) y que él perdona en aras de un amor salvaje y posesivo. Ambas historias tienen un tinte de redención muy marcado, porque los personajes débiles son, en el fondo, los fuertes, ya que es su belleza la que obliga a los adultos a marcarlos como suyos, para al final ser perdonados y redimidos de ese pecado carnal, descubriendo una nueva dimensión del amor romántico que les muestra un abanico de sensaciones hasta ahora desconocidas para ellos.

Sabemos, más o menos, lo que pasa en Japón pero, ¿qué pasa más allá de sus fronteras? En el panorama de consumo yaoi de habla hispana (y no nos referimos solamente a la adquisición de mangas/animes traducidos y editados al castellano; nos referimos a todo el movimiento de grupos de scanlations como de grupos de fansubs que existe tanto en España como en Hispanoamérica) se ha notado considerablemente la cronificación de las relaciones seme/uke por una parte como la evolución de los personajes hacia estereotipos más acordes con nuestra sociedad y bagaje cultural por otra. Nos sigue gustando ver amor entre muchachos, pero la tendencia es, aparte de consumir, producir para consumo posterior. El fenómeno de las comunidades donde la temática es el emparejamiento de dos personajes (sean series de contenido yaoi/slash o no), donde las fans aportan su granito de arena apoyando a una pareja (o a varias), bien tengan razones evidentes para hacerlo (como parte de la trama de la serie) o porque “quedan bien juntos”. Algunos autores de historias de contenido shounen (como Masami Kurumada en la serie de OVAS Saga de Hades, al que haremos referencia en párrafos posteriores) han caído en las redes del fanservice y para ello, añaden diálogos en el anime entre personajes que da pábulo a que las seguidoras del yaoi nos montemos nuestros propios relatos, hagamos nuestros dibujos y si vemos un doujinshi en el que sí se explica de forma explícita qué significaron esas frases, lo compremos. Aunque sea en japonés.

Otra tendencia de shippeo o emparejamiento de personajes nace en los foros de roleo, actividad tan extendida ahora que resulta casi impensable encontrar un fandom donde no haya juegos RPG asociados. Es otra forma de enredar físicamente a dos personajes, tenga su historia cabida o no en la línea argumental. En el caso del yaoi, todas las series han sufrido un proceso de “yaoizamiento”, y es muy sencillo encontrar fanarts o fanfics de tal o cual pareja, a causa de la masificación y aceptación que tiene el yaoi en Internet.

Pero quizás, tendencia más acusada en la actualidad referente al fenómeno slash/yaoi es la yaoización de series de manga/anime destinadas a un público netamente masculino. Las series shounen, las de peleas, son excelente caldo de cultivo para shippeos, comunidades RPG de corte yaoi y para todo tipo de actividades donde se puedan emparejar dos (o más) personajes masculinos. Para hablar de este tema tomaremos como referencia la serie de Masami Kurumada Saint Seiya, conocida también como Los Caballeros del Zodíaco, la que las autoras consideramos nuestro fandom.

Pero para entender por qué una serie como ésta se yaoiza, hay que tener en cuenta unas consideraciones iniciales. La primera es que en Saint Seiya casi no hay personajes femeninos, por lo que la cantidad de emparejamientos homosexuales era superior a los heterosexuales. La segunda es la cantidad de estereotipos masculinos (tanto semes puros como auténticos afeminados), y la solidez de las relaciones que estos mantienen entre ellos; y la tercera, la degradación que sufren los personajes femeninos frente a los masculinos, tanto en los combates como en la jerarquía que ostentan como guerreros de una teórica diosa de la Guerra Justa.

Si analizamos con profundidad este caso en particular, tenemos que admitir que, en Saint Seiya, los hombres son los protagonistas reales de la serie, son los que participan de forma más activa en las batallas, son los encargados de proteger y velar por la paz en la Tierra, de manera que las mujeres, si bien cumplen con ciertos roles importantes en la serie (Saori Kido es la reencarnación de Atenea), no son comparables con las acciones que llevan a cabo los personajes masculinos. Por eso es mucho más interesante emparejar a dos hombres que a un hombre con una mujer o a dos mujeres, por todas las hazañas épicas que realizan los cinco protagonistas. Vemos en ellos (y luego en todos los personajes secundarios que se van sumando a la causa de Atenea) una entrega y sacrificio mayores que los de las mujeres de la historia (ellas son las encargadas del drama, del sentimentalismo, de la división entre la lucha o el amor), por lo que la figura masculina se ve exacerbada y enaltecida frente a la femenina. Sólo hay que preguntar a las chicas que siguen la serie qué opinan sobre Saori Kido. La inmensa mayoría pensará que es un personaje inútil que sólo mete a sus caballeros en problemas.

Por otra parte, además de un mayor trabajo psicológico en los personajes masculinos, podemos ver que desde el más afeminado (Misty, Afrodita) hasta el más masculino (Aldebarán), todos ellos tienen un elaborado diseño gráfico que los dota de una personalidad y de unas características esenciales y los hace únicos frente a los otros, en contraste con lo que ocurre con los personajes femeninos, entre los que no existe casi variedad (de diez personajes, cinco son amazonas —mujeres con armadura que luchan— y los otros son las compañeras de los protagonistas, que rezan para que vuelvan sanos y salvos a casa) ni de personalidades, ni de vestimentas. Basta ver los diseños de las armaduras de otros caballeros de plata, (Perseo, Albiore) para comprobar que las amazonas cumplen con un rol más bien estético en comparación con ellos.

Todo este análisis define los motivos acerca de por qué yaoizamos una serie que, a priori, puede resultar falta de interés e incluso aburrida a nuestros ojos (si buscamos algo más que no sean un buen combo de patadas y puñetazos). Personalmente, reconocemos que shippeamos más yaoi que hetero en las series japonesas porque los personajes femeninos nos parecen poco interesantes y menos relevantes para la trama principal, y que las relaciones e interacciones entre los personajes masculinos se ven más elaboradas e intrigantes, y por ello tienen más impacto entre el público, dando lugar a una producción colateral de doujinshis y de fanarts que consiguen que una serie enfocada en un público netamente masculino termine siendo un fenómeno fan en el público femenino.

No podemos finalizar este artículo sin comentar nuestro caso, que suponemos se parecerá al de muchas de vosotras, que habéis tenido la paciencia de acompañarnos por todos estos párrafos y que habéis llegado a unas conclusiones similares (o quizás no) a las que nosotras hemos expuesto. Aunque vivimos en dos continentes diferentes (Asato es de Chile y Jocasta de España), nuestros inicios en el yaoi suponemos han sido casi idénticos. A ambas nos llamó la atención lo distintos que eran los personajes en comparación con los originales, enmarcados en viñetas llenas de flores y de mariposas. No era desagradable, al contrario. Los dibujos que poblaban los doujinshis eran más agradables a la vista que incluso los originales, y nos hacían creer que eran gays de verdad, porque se veían extremadamente lindos, a pesar de que sabíamos que las historias no eran oficiales.

Eran los tiempos donde sólo existían páginas, donde los únicos doujinshis eran los dibujados por el grupo Saint Panic, y la pareja estrella eran Camus y Milo. ¿Y cómo dos guerreros dorados de poderes formidables podían estar involucrados en una historia donde la Manzana de la Discordia (y, por ende, la que desencadenaba la guerra de Troya) era entregada a un hombre y no a una diosa? Porque Saint Panic (y como ellas, muchas autoras de doujinshis) empezaron con historias románticas de muchachos bellos entre sus viñetas. Esto lo hacía digerible al ojo femenino (y aún así el shock era fuerte, pero más aún lo era ver porno gay, lo que me subió los colores hasta recorrer todo el espectro) y lo que empezó siendo una distracción se convirtió en una adicción. Ya no queríamos ver cómo Camus tomaba a Milo del mentón y lo besaba. Queríamos ver cómo se lo follaba.

La búsqueda nos llevó a descubrir un mundo donde todos los personajes principales (y con ello nos referimos a los de bronce) eran protagonistas de una extensa variedad de historias. Ya no sólo estaban Milo y Camus. Ahora también estaban Hyoga y Shun, Hyoga e Ikki, Seiya y Shiryu, Shiryu y Hyoga y algún trío que resultaba de la mezcla de estos cinco elementos. No todas las historias eran de nuestro agrado, pero sí que empezamos a vislumbrar los dos estereotipos que componen el yaoi: mientras en unas historias Hyoga era el seme de Shun, en otras era el uke de Ikki, y pasaba de ser una víctima violada por todos sus hermanos de bronce (e incluso por Aioria en otro doujinshi) a ser un jovencito apasionado, lleno de amor y de ternura con el caballero de Andrómeda. Nuestros ojos se acostumbraron a ver abusos de poder, violencia, sadomasoquismo y todas las variantes del sexo no consentido en viñetas llenas de un lirismo y una belleza inconmensurables. Y sinceramente, nos da igual. Podemos ver cómo machacan a golpes a Hyoga o a Saga, cómo fuerzan a Aioria o a Kanon, cómo atan a Milo y lo azotan, porque sabemos que al final el amor que sienten es tan fuerte que es capaz de romper con todos los tabús, los paradigmas y con todo lo que se encuentre por delante para volar al lado de su amado. Así nos atrapan las historias, y de esta manera cerramos el manga con cara de satisfacción. Sabemos que han sufrido, sí, pero, ¿acaso no sufrimos todos? Ellos son fuertes, duros y guapos. Son héroes. Va implícito en el papel.

Los nuevos tiempos han traído frescura a los doujinshis y las nuevas autoras imponen actitudes renovadas en los personajes. Estamos a punto de dejar atrás el año 2010, y desde el estreno de la serie han pasado quince años. Las niñas que se nutrieron de los primeros doujinshis y se dedicaron a dibujar fanarts han dado el salto y ahora son ellas las creadoras de historias de la más variada temática. Ya no hay tanta diferencia entre el seme y el uke, y las parejas ya no son las canónicas, abriendo un abanico de posibilidades acordes con los gustos de cada una de las consumidoras. El fenómeno Saint Seiya en su vertiente yaoi tiene miles de seguidoras en Hispanoamérica y Brasil (siendo este país el más activo en cuanto a traducción de novedades no yaoi, siguiéndolo muy de cerca Argentina) y el idioma ha creado un grupo muy numeroso de productores de fanfiction/fanart. Ya no es complicado encontrar a Milo y a Camus realizando cualquier postura sexual, los concursos han hecho proliferar relatos y dibujos de parejas poco convencionales (por ejemplo, los generales de Poseidón, o los Espectros de Hades), porque las reglas de estos encuentros entre creadores exigen un número mínimo de trabajos de una pareja en concreto que han de entregarse en una fecha concreta. Estos maratones suelen darse por la carencia de material relacionado con un grupo de personaje determinado, y lo que puede parecer positivo al inicio se vuelve un arma de doble filo, porque si bien amplían la cantidad de material que circula por Intenet, también es cierto que la mayor parte de las veces son trabajos realizados en poco tiempo, con pocas revisiones y a veces con pocas ideas originales, cronificando un consumo de fanfiction/fanart que pronto cae en el olvido, bajando incluso el nivel de calidad del fandom.

Es quizás esta proliferación del yaoi lo que ha inundado el fandom hasta saturarlo. Sólo tenemos que ponernos a buscar un archivo gráfico donde estén involucrados dos caballeros para verlos en actitudes eróticas. Siete de cada diez resultados en Google nos muestran imágenes con contenido shonen—ai, lo que tampoco es deseable, puesto que aunque a una gran mayoría de fans nos gusta ver a los chicos emparejados, el espíritu de la serie realza los valores de la entrega y el sacrificio, la amistad y el amor hacia el prójimo, y no precisamente sobre él.

Quizás hemos tocado techo al haber sexualizado todas las series y fandoms, y no es un hecho aislado que estén proliferando comunidades donde se primen las parejas hetero con personajes inventados. Pero tenemos la firme convicción de que Internet es grande y puede acoger todo tipo de movimientos. De nosotras depende que las iniciativas de los autores prosperen o no, comprando sus mangas y apoyándolos en sus proyectos, y que el fandom sea un lugar de calidad, con buenos trabajos de fanfiction y fanart. Nosotras, por nuestra parte, trataremos de aportar nuestro granito de arena, cada una en nuestro terreno. Porque el fandom es nuestro segundo hogar, donde nos proyectamos como creadoras, donde presentamos nuestras ideas y donde disfrutamos de los trabajos de otras autoras. Por eso, este análisis y estos comentarios nos han sido necesarios, porque para tener un entorno rico y cuidado, hay que conocerlo, saber qué necesita y cómo proporcionárselo. Nosotras ya nos hemos puesto en campaña, porque la calidad y el futuro del yaoi que consumimos, depende de nuestro esfuerzo.

Es nuestra casa, a fin de cuentas, y nuestro es el deber, y el honor, de conservarla.



Coméntalo en Planeta Slash

¿Alguna pregunta? intruderszine@yahoo.es