Ela San es moderadora de furia_roja, co-directora de Grada Roja, co-administradora de deancastiel_esp, escritora de fics en ela_fics.

 

 

Aunque las slashers sabemos perfectamente buscar –y encontrar– lo que necesitamos en prácticamente cualquier área, probablemente sea el cine la mayor fuente de slash que existe y ha existido.

Cowboys luchando contra todo lo que se les ha enseñado, timadores con demasiada picardía, conquistadores enamorados… Lo que no nos da la vida, nos lo da el cine, en forma de personajes y de historias que nos estremecen, nos emocionan y, seamos sinceras, nos hacer chillar como ninguna otra.

Vamos a darle una oportunidad. Al cine independiente y al de Hollywood, al clásico y al moderno, al español y al extranjero. Por ejemplo, esta historia. Habla del desamor, la soledad y la desesperación. Y de un amor, de una necesidad tan grande, que supera a todo lo demás.

 

Todo empieza con un nuevo golpe, dinero fácil, una banda de atracadores y un tango.

 


LOS HECHOS.



“Les decían los mellizos porque eran inseparables.
Pero no eran hermanos, ni siquiera eran parecidos.
Sólo tenían en común el modo de mirar: los ojos quietos, una fijeza extraviada en la mirada recelosa.
El Nene era un renegado de su familia y de su clase. La oveja negra, el tiro al aire.
Ángel ni siquiera era de acá. Era pesado, tranquilo, muy supersticioso.
Se cruzaron por primera vez en los baños de la estación Constitución, a los que el Nene acudía a veces en busca de sexo.”

 

Esta historia comienza en Buenos Aires, en 1965. Comienza con un atraco a un furgón que transporta los sueldos de los funcionarios y que, en principio, se plantea fácil. El jefe de la operación, Fontana, lo planea todo cuidadosamente. Sólo tres personas, que no se conozcan entre sí. Uno de ellos es el Cuervo; joven, alocado, pero un buen conductor que cuenta con un escondrijo. Los otros son los Mellizos. Que son perfectos, pero se conocen demasiado.

Pero es que los Mellizos trabajan juntos o no trabajan.

 


El atraco parecía fácil, pero todo se convierte en un baño de sangre en el que Ángel sale herido y el Nene, incapaz de dejar al herido como siempre se suele hacer en estos casos, acaba con los guardias y se lleva a un malherido Ángel al piso franco, donde ahora son fácilmente localizables.

Una huida a Uruguay, un encierro angustioso a la espera de un medio para huir del país, una búsqueda desplegada para encontrarlos. Y en mitad de toda la tensión, el miedo a perder la bolsa y la vida, los sentimientos y la relación entre Ángel y el Nene, que se deteriora día a día, paso a paso, ante los ojos de ambos, incapaces de salvarse (ni ellos mismos, ni el uno al otro), que se castigan hasta que, finalmente, sea su relación lo que propicie que la policía les encuentre, teniendo que luchar juntos, ellos solos contra el mundo, una última vez.

 

 

ANGEL Y EL NENE.

Desde el principio de la película, nos describen a los protagonistas como dos seres solitarios, aislados, de los bajos fondos y perdidos, que se encuentran el uno al otro.

En esa primera escena en los baños del metro, donde el Nene conoce a Ángel cuándo este, un emigrante sin dinero ni oficio, vaga por allí vendiéndose por unos pesos, es tan bella como retorcida. El Nene le ofrece, sin apenas conocerle, sitio para vivir en su casa. Y Ángel, conmovido por la bondad de un desconocido, le confiesa su secreto: que escucha voces en su cabeza, que le hablan continuamente.

 

 

Y, aun así, ninguno de los dos retrocede. Se reconocen entre ellos, se encuentran. Aunque sepan que de su relación no puede salir nada bueno, porque ambos están perdidos para siempre, se eligen el uno al otro, su atracción irresistible desde el primer instante. La manera en la que se miran, Ángel quitándole el cigarrillo al Nene de los labios, apenas rozándole es, probablemente, tanto o más sensual que cualquiera de sus otras escenas.

Porque en la mayoría de sus escenas hay rabia, ira o dolor. En ese momento, sólo son dos personas enamorándose.

 

“Desde el comienzo de su relación, Ángel y el Nene compartieron la cama.
Pero en los últimos tiempos, Ángel rehuyó el contacto sin explicar por qué.
Algo se ha roto entre ellos.
Por eso esperan el momento del asalto con una ansiedad nueva.
Cuando trabajan, lo saben bien, vuelven a ser Los Mellizos.”

 

Ahí está, el quid de la cuestión. Y es que ellos ya no son ellos. Siguen enamorados, con un amor tan intenso como absorbente, pero Ángel rehúye al Nene, no quiere estar con él. Sus problemas psicológicos, sus voces, sus convicciones religiosas le obligan a alejarse de él y el Nene, obsesivo y entregado en todos los aspectos de su vida, no soporta su nueva situación.

 

 

Aún así, aunque el Nene esté dolido, la forma en la que ama a Ángel remueve por dentro. La escena del asalto, en la que no duda en poner en peligro el golpe, el dinero y su propia vida. La forma en la que cura a Ángel del disparo recibido, sufriendo él mismo el dolor de él, la forma en la que defiende su presencia allí ante el jefe de la operación.

No es una historia de amor fácil, porque la personalidad de ambos (los problemas de Ángel, la fría calma que intenta mantener el Nene, como si esperase a que todo se arreglase por sí sólo) no hace más que construir más y más murallas entre ellos aunque, al final, todas se acaban derrumbando.

 

 

“En inglés, ojalá se dice ‘I wish’. ‘I wish’ significa ‘yo deseo’.
Deseo al Nene. Ojalá que se desprenda de Buenos Aires.
Es igual a esa ciudad, se odia a sí mismo. Se alimenta de odio.
Yo lo quiero salvar, lo puedo salvar.
En otro lado.”

La forma en la que Ángel ama al Nene es tan confusa como su propia personalidad.

A sus propios problemas psicológicos, esas voces que escucha continuamente, se les une una especie de crisis de fe que lo lleva a acercarse y alejarse continuamente del Nene, que vive esos alejamientos con angustia.

Y sin embargo, a pesar de que Ángel evada el contacto físico, a pesar de que no quiera tocarle, ni besarle ni acostarse con él, la necesidad que tiene de él, la manera en la que sufre, en la que quiere estar con él –aunque fuerzas más poderosas se lo impidan– emociona.

 

 

“Los dedos de Ángel huelen siempre igual.
Huelen a madera recién cortada, a pólvora. A sangre, a sexo.
Me recuerdan cosas. Los baños de Constitución, los trabajos, la ruta.
Los hoteles baratos, desvestirse.
La oscuridad.”

Y es que tal vez esta sea la historia de un amor imposible, trágico.

Porque la forma en la que el Nene echa de menos a Ángel, aunque lo tiene a su lado, es marcada, brutal. Desde el principio de la película se muestran las dos personalidades del Nene: la que está completamente enamorada de Ángel –la que le cuida, le ayuda, le salva– y la que está desesperado por el contacto físico, emocional, con alguien, al que le obsesiona esa idea del sexo como la única forma de no estar solo y que Ángel, su única familia, su amor, no le da.

URUGUAY.

La película tiene su punto dramático más alto –en lo que a la historia de estos dos se refiere– cuando, obligados por un despliegue policial inmenso, se ven forzados a encerrarse en un piso, pasando juntos, pared con pared, las veinticuatro horas del día.

La situación se enrarece, puesto que Ángel sigue negándose a acostarse con el Nene, y él sigue volviéndose loco porque no sabe lo que Ángel quiere de él, porque necesita muchas cosas y no tiene ninguna.

Con el tiempo, la situación empeora –el Nene busca sexo en otros ambientes, Ángel sufre una crisis, cree que el Nene lo traiciona y lo rehúye aún más–. Todo empeora hasta que el Nene conoce a una mujer, a Giselle. Y ella se enamora de él, aunque desde el primer momento, sepa que él está enamorado de otro hombre, pero necesita huir.


“Giselle: ¿Estás solo?
Nene: Tengo un hermano mellizo. Ángel. Mi única familia.
Siempre me anda atrás. Dice que lo cuido. Yo a él, qué gracioso.
Me conoce, el hijo de puta, ni que me hubiera parido.
Sabe lo que yo quiero antes que yo. Sabe lo que voy a hacer.
Ahora… A mí me cuesta. No es un tipo fácil.
De repente… Ahora está mal, por ejemplo. Si le preguntas, ni te contesta.
Oye voces. Pero… no es así… loco. Las voces... le hablan normal. Como que lo guían.
A veces pienso que… yo soy una de esas voces. Que le suena adentro.
El imbécil soy yo, porque no lo entiendo. Que más querría.
Yo haría cualquier cosa por él. Cualquier cosa. Me haría matar.
Giselle: Estás enamorado, entonces.”

 

El Nene encuentra en Giselle toda esa atención que no tiene en Ángel, es como si ella contrarrestase con su necesidad la que él tiene por Ángel y que no puede saciar. Su relación es cada vez más intensa, realmente conmovedora, porque el Nene no quiere dañarla, porque los dos saben que está enamorado de Ángel, pero a la vez… Él necesita huir. Y no quiere hacerlo sólo.

Ángel sospecha lo que pasa y su camino es cada vez más oscuro y angustioso. Al contrario que el Nene, él no tiene a nadie. Encerrado en sí mismo, notando cómo el Nene se aleja cada vez más de él, cómo huye de su guarida cada noche, termina por autolesionarse, guiado por sus voces.

Cuando el Nene lo encuentra, recién llegado de otro encuentro con Giselle, la escena es un brutal mazazo, una vuelta a la realidad. El Nene quería huir –con Giselle–, Ángel quería huir –quitándose la vida–, pero la forma en la que el Nene lo abraza y lo reanima, llorando, es como la vuelta a la realidad, la demostración de que no pueden estar separados de ninguna de las formas, aunque ambos se hagan daño.

 

 

Un día, huyendo de un encierro cada vez más largo, los dos, junto con el Cuervo, viajan para ver el mar. Allí, en la playa, Ángel le confiesa al Nene todos sus temores.

 

 

“¿Mis voces? ¿Qué pasa, que soy el único que las oye?
¿Y tú? ¿No oyes voces que se ríen de ti? ¿Que te dicen lo que haces mal?
¿Que te equivocan? Eso está mal. No sigas así, que lo vas a perder.
Va a conocer a alguien mejor, ya verás.”

 

Y es que incluso en su confusión, en su locura, lo que más teme Ángel es perder al Nene, quedarse solo. Y sus sospechas se confirman cuando el Cuervo descubre el chupetón que el Nene tiene en el cuello –creyendo que había sido Ángel quien se lo había hecho– y Ángel comprende toda la verdad.

Es como si los dos se volviesen locos. Ángel, traicionado. Y el Nene, descubierto en su engaño, solo.

El Nene le promete a Giselle huir con ella y el dinero, dice que su hermano se ha ido.

Pero cuando las piezas van cayendo –capturan al enlace que les iba a conseguir los pasaportes, el líder de la banda se marcha–, el Nene se ve incapaz de abandonarlos, de abandonar a Ángel.

Se arriesga por él, y un nuevo fallo da de nuevo con todo al traste.

 

-------------------

PLATA QUEMADA.

Cuando Ángel dispara en su huida a un policía por error, de nuevo se ven descubiertos y van a ocultarse al piso de Giselle, que esperaba al Nene con la maleta hecha, lista para huir los dos juntos.

Cuando Ángel ve esa maleta, la confirmación de que el Nene iba a abandonarlo, a dejarlo por ‘algo mejor’, exige explicaciones. Al Nene y a Giselle. Y ella, enamorada como está, le explica todo con pelos y señales, esperando que sea Ángel quien se marche y les deje solos.

Pero Ángel quiere demasiado al Nene y no se marcha. Y el Nene quiere demasiado a Ángel, porque cuando le obliga a elegir, o ella o Ángel, la respuesta del Nene es ponerla de patitas en la calle, rechazarla por completo.

El Nene elige a Ángel.

Hay una escena en la que Ángel se está volviendo loco en su habitación, roto por lo que Giselle le ha dicho, y el Nene sólo llega, abrazándole y repitiendo ‘Perdóname’ una y otra vez, sin soltarle, mientras Ángel se lleva las manos al corazón, como si todo doliese demasiado para soportarlo, acariciando la mano del Nene como para asegurarse de que no se ha ido, de que sigue allí, con él.

 

Ángel: ¿Se fue?
Nene: Sí.
Ángel: ¿Va a volver?
Nene: No.
Ángel: ¿Te importaba?
Nene: No… Era un lugar donde esconderse, nada más.”

 

Esa escena ES la película. Esa escena SON Ángel y el Nene, Los Mellizos, inseparables ante cualquier adversidad.

 

 

Ni siquiera cuando Giselle los descubre ante la policía y todo un contingente armado viene a buscarles; cuando les acorralan, les disparan y no tienen más opción que rendirse; ni siquiera entonces se separan. Luchan, hasta el último segundo, queman el dinero por el que arriesgaron todo, porque si ellos no lo disfrutan juntos, nadie lo hará jamás.

 

 

Ni siquiera cuando disparan al Nene, cuando muere en los brazos de Ángel, se separan el uno del otro, juntos, unidos hasta el mismo final.

 


 

CENIZAS.

‘Plata Quemada’, estrenada allá por el año 2000, levantó una gran polémica por ser una de las primeras películas en incluir una relación homosexual de manera explícita en el guión, aunque fue un paso importante para las que vinieron.

 

 

En algunos círculos se ha criticado la relación reflejada en la película, puesto que no se incluye ninguna escena de sexo, pero yo creo que una escena de sexo –si bien habría sido muy agradecida– no era realmente necesaria.

La sensualidad, la conexión, la forma en la que el uno completa al otro y siempre es así a pesar de que todo a su alrededor se vuelva negro es más que suficiente. La forma en la que se rozan, se abrazan, cómo Ángel toma el cigarro de los labios del Nene apenas rozando sus labios, cómo se desesperan por todo lo que se necesitan y no pueden tenerse. Eso es todo lo que necesitan para transmitir que su relación es una de ésas que no se olvidan, que atrapan y remueven.

Una de esas parejas de la historia del cine que, aunque sólo sea recordada por unos pocos, siempre será una de las más intensas, dramáticas y bellas.

 

 


 

Coméntalo en Planeta Slash

¿Alguna pregunta? intruderszine@yahoo.es