Pairing: Snarry --------------------------Ubicación original---------------------------------Rating: G

 

—Ridículo —murmuró Severus, sin ver la necesidad de esconder su irritación mientras miraba la incontinente criaturita que esparcía sus insalubres lametones por todo el rostro de Harry—. Verse obligado a otorgar significación alguna a esta celebración mediante la entrega de regalos. Especialmente ésos que estropean las alfombras, dependen de uno para ser alimentados y aúllan a todas horas. ¿Qué clase de regalo es éste? Y puedes repetirles a esos malditos Weasleys todo lo que he dicho.

Pero nunca, nunca admitiría que se sentía siquiera un poquito triste por el hecho de que aquellos que sí encontraban significativo el dar regalos... no se acordaran de él. Particularmente la persona con la que vivía.

Babosa desconsiderada.

 

¿Y yo?, obra de Psique para Intruders

 

Un rasguño en la ventana interrumpió la exageradamente efusiva interacción con la bola de pelo.

—Oh, bien, debe de ser eso. ¿Te importaría recogerlo, Severus? —dijo Harry, mientras el cachorro empezó a dar pequeños ladridos hacia la ventana.

—Por supuesto que me importa, pero, ¿por qué debería eso molestarte? Sólo existo para responder lechuzas, ¿o no? —masculló Severus, pero su voz fue reemplazada por un murmullo, y ya se estaba levantando mientras lo decía.

La lechuza en la ventana era marrón y estaba impaciente, y maldito fuera Severus si la alimentaba. Excepto que lo reconsideró; no podría haber una mejor forma de deshacerse de esa funesta tarta de frutas sobre la mesita. Mientras la lechuza engullía su dulce, Severus examinó el paquete que había traído y se quedó de piedra poco después, cuando vio su nombre en la etiqueta.

Probablemente maldito o, al menos, una amenaza de nuestros acreedores, pensó, mientras rasgaba el envoltorio, rechazando admitir que su pulso se había disparado tanto. Dentro de una caja de Mascotas Para Ti™ encantada estaba piando un pequeño pajarito blanco. Severus casi olvidó examinar la tarjeta.

—¿Me has comprado un quillop? —El ave ya estaba saltando de la caja para posarse en el dedo de Severus. Frunció el ceño—. Las mascotas como regalo son una molestia, ya te lo he dicho. —No iba a sonreír. Se negaba a sonreír.

—Bueno, no tienes que tratarlo como una mascota si no quieres —dijo Harry, mientras paraba por los pelos al cachorro antes de que se comiera todos los envoltorios desechados—. Pero el hombre de la tienda dijo que ponen un huevo por día, y que a veces incuban amuletos de protección y las cáscaras son útiles en pociones curativas, así que pensé que quizás podrías mantenerlo en tu espacio de trabajo a modo de, ya sabes, subordinado.

Después de una pausa, durante la que el quillop se abrió paso hacia su muñeca, Severus pronunció el veredicto:

—Se puede quedar.

Harry sonrió sobre su brazada de cachorro.

—Feliz Navidad, Severus.

—Hmf. —Era lo más cerca que iba a llegar a una sonrisa.

 

Fin

 


 

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