Pairing: Harry/Draco

Ubicación original

Rating: NC-17

 

 

Querido Harry:

Hemos decidido que estamos hartos de escuchar tus quejas sobre Ron y Hermione besuqueándose por todo el castillo. ¡Es lo único de lo que hablas cuando visitas nuestra tienda en Hogsmeade! Ahora bien, definitivamente no es que nosotros estemos interesados en ver a nuestro Ronniekins aspirando el rostro de nuestro ratón de biblioteca; pero estamos de acuerdo en que este caso en particular te molesta porque hay alguien a quien a ti te gustaría besuquear.

Así que...

Hemos desarrollado este producto para inyectar un poco de espíritu navideño en tu vida. Asegúrate de hacernos saber si funciona, para que podamos venderlo. Lo único que necesitas es cogerlo y leer el verso del pergamino que está dentro de la caja.

Que te diviertas,

Fred y George


Confundido y con el ceño fruncido, Harry levantó la pequeña rama de muérdago y estudió el pergamino en el que había sido colocado. Masculló las palabras en voz alta mientras leía.


¡Feliz Navidad, oh solitaria alma!
Este muérdago busca tu calma
Con mi rima traigo diversión;
empieza el juego, llega la acción.

Esta planta florecerá sobre tu cabeza
hasta que a tu amor trates con gentileza
Esta vez, un beso suficiente no será;
tendrás que prepararte para algo más.

Puedes besar a todos los que creas puedan encajar,
pero sólo el amor verdadero traerá un final
Debes convertirte en uno con el deseo de tu corazón,
aquel que hace a tu alma encenderse cual fogón.

Hasta que lo hagas la planta no se irá,
más molesta con cada día que dejes pasar.


—Pero ¿qué demonios...? —dijo Harry, confundido—. Los gemelos no tienen ni puta idea de poesía.

De pronto, el muérdago salió disparado de su mano por una fuerza invisible. Miró a su alrededor, sorprendido, y cuando volvió la vista hacia arriba, lo vio flotando tranquilamente sobre su cabeza. Se puso de pie y caminó alrededor, y luego corrió, pero esa cosa seguía con él. Trató de arrancarlo del aire, pero su mano pasó a través de él.

—¿Tío? —Ron se paró en el marco de la puerta del dormitorio con el rostro perplejo.

—Ah, hola, Ron —dijo Harry, distraído.

—Parece que tienes un pedazo de planta flotando sobre ti —señaló Ron amablemente.

—Grandiosa observación. —Harry puso los ojos en blanco—. Es cortesía de los idiotas de tus hermanos y no puedo bajarlo.

—Fred y George —suspiró Ron—. Bueno, a ver si puedo atraparlo. —Lo intentó, pero su mano también pasó a través de él—. No sé, tío, pero tal vez debamos preguntarle a Hermione. Si alguien puede descubrirlo, es ella.

Pero no pudo. Bueno, sí que lo descubrió, pero no tenía ni idea de cómo resolverlo.

—Leíste el encantamiento que escribieron en voz alta mientras sostenías el artículo, Harry, lo que básicamente indica que estás aceptando los términos que ellos establecieron. Y parece que tendrás que, bueno, practicar sexo con alguien para que se vaya.

Ron se rió y Harry frunció el ceño.

—¿Qué pasa si no quiero?

—¿No quieres tener sexo? —preguntó Ron. Hermione le dio una palmada.

—Es más que eso, sin embargo. Debes hacerlo con la persona de tus fantasías. ¿Tienes fantasías con alguien, Harry? Asumo que sí, o el hechizo no se habría consumado.

—Yo... bueno... sí. —Harry se sonrojó y se miró las manos.

—¿Quién es? —Ron se inclinó hacia adelante con avidez.

—No es de tu incumbencia —lo reprendió Hermione.

—¿Qué? —protestó Ron—, tal vez podemos ayudar.

—¿Ayudar cómo? ¿Nos acercamos a ella y le preguntamos si quiere acostarse con Harry Potter? Obviamente él no quiere que se entere, o ya lo habría hecho él mismo.

—¡Tíos! —chilló Harry—. Primero, y aunque quisiera que esa persona lo supiera, dudo que para romper el hielo bastara un “hola, ¿te importa si tenemos sexo?”. Y segundo, ¿cómo sabéis que es una chica?

Se puso de pie, y caminando enérgicamente salió de la habitación para pensar, dejando tras a él a un par de estupefactos amigos.

 

~*~

 

—Bueno, Potter, parece que estás dejando crecer cosas sobre tu cabeza. Es bueno saber que finalmente sirve para algo.

Harry se puso profundamente rojo por la broma que gritó Malfoy.

—Ignora al hurón, colega —Ron lo palmeó en la espalda como apoyo.

—Gracias —murmuró Harry.

Todo el asunto del muérdago representó un gran problema, más grande de lo que sus amigos pudieron haber imaginado. Necesitaba acostarse con la persona que era su amor platónico, y dado que esa persona resultaba ser nada menos que Draco Malfoy, estaba bastante seguro de que la maldita planta lo seguiría para siempre.

No estaba seguro de cuándo se había dado cuenta de que le atraían los chicos, y no tenía idea de por qué, de entre toda la gente, tenía que sentirse atraído por Malfoy. El imbécil era irritante, aunque fuera menos cruel desde que su padre había denunciado públicamente a Voldemort. Pero aún así era Malfoy, el irritante, el insolente idiota que le había causado tantos problemas. El estúpido, odioso, sexy, guapísimo... Harry sacudió su cabeza. Realmente no importaba, puesto que el chico no lo miraría dos veces, al menos no de esa manera.

Descubrió que ignorar el problema no lo hacía desaparecer... lo volvía peor. Dos días después de que la funesta experiencia comenzara, se levantó con melodías navideñas sonando en su habitación. Rápidamente descubrió que la música provenía directamente de encima de su cabeza.

Se pasaba el día sonando y sonando, y no hubo hechizo capaz de callar la maldita cosa. Predeciblemente, Snape le quitó puntos a la Casa de Gryffindor por alterar el orden del salón de clases, y aunque los demás no se mostraban tan vengativos, el resto de profesores también estaban claramente fastidiados.

No pareció mejorar al día siguiente y Harry finalmente se decidió a preguntarle a Ginny si no le importaba que se besaran para ver si eso lo había desaparecer. Ellos habían intentado volver a salir, pero no pasó ni una semana antes de que ambos acordaran que no estaban destinados a ser pareja, y en vez de eso se convirtieron rápidamente en amigos. Desde entonces, ella había comenzado a verse con Neville y, sorprendentemente, los dos estaban hechos el uno para el otro.

Ginny se rió y dijo que dudaba que eso ayudara, puesto que ella no era su amor verdadero, pero lo besó de todos modos. Aparentemente eso cabreó al muérdago, porque unos cascabeles se unieron a los villancicos, haciendo un jaleo más grande que el anterior. Harry gruñó y se fue hacia el lago.

A pesar del frío, el aire estaba calmado y despejado. Estaba aliviado de estar solo con sus pensamientos y su irritante música de fondo.

—Merlín, ¿ahora tiene cascabeles?

Harry giró a su alrededor para ver a Malfoy sonriendo con autosuficiencia hacia él.

—Vienes a hacer leña del árbol caído, ¿verdad? —dijo, desanimado. Era bastante deprimente tener a la única persona que podía arreglar su problema burlándose de él por esa misma causa.

—Bueno, ya sabes, eres el único que ya ha puesto una decoración navideña tan entretenida —La sonrisa de Malfoy permanecía allí, pero en esta ocasión, su tono estaba desprovisto de malicia—. Bueno... he oído que no se irá hasta que beses a tu amor verdadero o alguna tontería de ese estilo.

—Algo así —farfulló Harry.

Draco elevó sus cejas.

—¿Entonces es verdad?

—¿Por qué te importa tanto? —preguntó Harry suavemente.

Draco se encogió de hombros y miró hacia otro lado.

—No me importa. Sólo estoy haciendo conversación. ¿Estás planeando besarla dentro de poco?

—Besarlo.

—¿Qué?

—Besarlo, no besarla. Y no, no lo estoy planeando.

Malfoy pareció sorprendido, tal y como Harry esperaba. Resolvió que ya que finalmente les había dicho a sus amigos que le gustaban los hombres, no tenía por qué seguir guardando su secreto durante más tiempo.

—Oh. Bueno. ¿Y por qué no?

—Porque yo no le gusto. —Harry miró a Malfoy directamente a los ojos.

Malfoy bufó con incomodidad.

—Oh, vamos, a todo el mundo le gusta Harry Potter.

Harry se encogió de hombros.

—A ti no. Así que obviamente no es todo el mundo.

Draco frunció el ceño.

—Bueno, supongo que nunca lo sabrás con seguridad hasta que lo intentes.

—¿Crees que debo intentarlo? —preguntó en voz baja.

—Yo... —Draco tragó saliva—. ¿Por qué iba a importar lo que yo piense? No es como si fuera yo quien te gusta.

—¿No? —Harry se movió hacia él con lentitud.

—No, Potter, no es así. ¿Recuerdas? ¿Cara-rajada, hurón? —Draco se echó hacia atrás nerviosamente.

—Hmm. La verdad es que ahora todo eso me parece bastante estúpido, ¿no crees? Después de todo, estamos en el mismo bando —continuó Harry mientras avanzaba.

—Supongo, pero... ¿Qué estás haciendo? —La voz de Draco había aumentado un grado mientras se apoyaba contra un árbol.

Harry se detuvo directamente frente a él.

—Esta maldita música se está volviendo condenadamente irritante —susurró, y tocó los labios de Draco con los suyos.

La música y los cascabeles se detuvieron.

 

Muérdago retorcido, obra de Psique para Intruders

 

 

Los labios de Draco eran suaves e incitantes. No respondió al principio, pero finalmente abrió la boca para permitir la entrada de la lengua de Harry. Casi al unísono, sus brazos se enroscaron alrededor del otro y el beso se profundizó.

Jadeando, Draco se separó después de unos momentos.

—Joder.

Harry respiraba con similar dificultad.

—Sí.

—La música ha parado.

—Sí.

—Eso significa que yo soy... —Draco palideció.

—Sí.

—¿Esa es la única palabra que conoces? —chilló Draco, frustrado.

Harry frunció el ceño.

—No.

—Dioses, ¡me sacas de quicio, Potter! Mira, tu pequeño problema se ha ido, así que me marcho... y nunca volveremos a hablar otra vez de esto. —Draco dio la vuelta y corrió de regreso al castillo.

Harry suspiró. El beso había sido alucinante y maravilloso... y corto. Deseaba más, desesperadamente. Pero al menos el ruido se había detenido y por lo tanto, los gemelos se habían equivocado... el sexo no había sido necesario. Y él había conseguido besar a Draco.

Trató de aferrarse a eso, en vez de recordar la forma en que Draco había huido de él.

 

~*~

 

—¡No lo entiendo, Hermione! La música y los cascabeles se fueron, ¿por qué no desaparece el muérdago? ¡Lo besé!

—¿A quién besaste?

Harry resopló.

—Buen intento. Pero no te lo voy a decir.

Hermione rió abiertamente.

—Está bien, lo siento. Ahora bien, supongo que es porque no cumpliste con todo el acuerdo, por eso el muérdago sigue allí. Pero como al menos lo besaste, te está dando un tiempo de gracia hasta que lo logres. Aunque no puedo decirte cuánto tiempo pasará antes de que regrese...

Harry suspiró.

—Maldita sea. Pensé que todo había terminado.

—Supongo que no. Pero tal vez... quiero decir, esta persona te besó, ¿verdad?, entonces...

—No está interesado, Hermione. Tendré que visitar a los gemelos el próximo fin de semana que salgamos por Hogsmeade y ver si pueden cancelar este estúpido hechizo.

Hermione lo palmeó en el brazo.

El alivio no fue duradero... la música estaba de vuelta a la mañana siguiente. Y al segundo día, regresaron los cascabeles. Los Gryffindor se estaban enfadando, tanto por tener que escucharlo como por todos los puntos que Snape alegremente les estaba quitando siempre que Potter y sus “festividades” se dejaban escuchar.

Draco no hizo ningún otro comentario, pero evitaba a Harry como si fuera una plaga.

El colmo llegó una mañana en que Harry se levantó tiritando. Su cama estaba cubierta de copos blancos y los cascabeles eran más odiosos que nunca. Dio un salto.

—¡Maldita sea!

—¿Qué pasa? —La voz somnolienta de Ron flotó a través de las cortinas de su cama.

—¡Esta puta cosa me está nevando encima! —gritó Harry.

La cabeza de Ron, seguida de las de Dean, Seamus y Neville, apareció inmediatamente en su cama.

—¡Mierda! —cacareó Seamus—, realmente vas a tener que follarte a tu chico especial, Harry, o tendremos que seguirte con una pala.

—Snape se podrá furioso —dijo Dean con irritación.

—Lo siento, Harry —fue la suave muestra de apoyo de Neville.

—Harry, voy a enviarle una carta a mamá. Seguramente ella puede conseguir que los gemelos arreglen esto —Ron se levantó—. Tú... hum, estás haciendo un charco en el suelo.

—¡Ya basta! —gritó Harry. Se colocó su túnica y salió hecho una tromba del dormitorio, dejando atrás a sus atónitos amigos.

—¿Harry? —La impactada voz de Hermione lo siguió mientras salía rápidamente de la sala común y pasaba por el retrato sin responder.

Afortunadamente, los pasillos estaban vacíos a esa temprana hora mientras hacía el recorrido hacia las mazmorras. Tocó a la puerta de Slytherin y esperó.

—¿Potter? —La puerta se abrió y un sorprendido Blaise Zabini se detuvo frente a él—. ¿Qué demonios estás haciendo aquí? Y... ¿estás nevando?

—Trae a Malfoy —gruñó Harry.

Blaise sacudió la cabeza y se rió.

—Joder, Potter, me asombras.

—¡He dicho que traigas a Malfoy! —gritó.

—Está bien, está bien —murmuró Blaise, girándose y cerrando la puerta.

Unos minutos más tarde, Draco salió.

—Estás nevando de verdad.

—Gran descubrimiento. Vamos. —Harry agarró el brazo de Draco y lo arrastró.

—¡Hey! ¡Bruto! ¿Qué diablos te traes entre manos? —gritó Draco, sacudiendo el brazo y evitando que se lo arrancara.

—Necesito tu ayuda.

—¡Suéltame! Iré contigo, pero me estás lastimando el brazo.

—Lo siento —Harry soltó el brazo de Draco inmediatamente—. Es sólo que me siento muy frustrado.

Draco asintió y lo siguió a la Sala de los Menesteres. Observó a Harry pasearse en frente del tapiz y luego lo siguió a través de la puerta que apareció, y dio un grito ahogado.

—¡Potter!

La habitación era una escena de seducción. Una enorme cama que parecía ser tan suave como una nube, velas flotando por todos lados, una botella de champaña con dos copas. Jarrones con flores exóticas adornaban las mesillas de noche.

Harry estaba muy colorado.

—¡Mierda! No es exactamente lo que pedí... pero escucha, Malfoy, tenemos que hablar.

—Llámame Draco —replicó el rubio con suavidad—. Tengo la sensación de que será más apropiado.

Harry asintió y se sentó al final de la enorme cama.

—Está bien... Draco. Tú sabes por lo que sucedió el otro día que... me gustas. —El sonrojo se profundizó y miró hacia abajo—. Lo que no sabes es que el muérdago no se irá con sólo besarte.

—Entonces... oh. —Los ojos de Draco se abrieron cuando la comprensión llegó—. Así que... a menos que follemos, dentro de poco estarás enterrado en un banco de nieve, ¿es eso lo que quieres decirme?

—Para empezar. ¿Quién sabe lo que sigue? Conociendo mi suerte, para el fin de semana tendré un reno cagando sobre mi cabeza.

Draco bufó.

—Eso sería digno de verse.

Harry sonrió débilmente.

—Mira, sé que no te gusto y ni siquiera sé si eres gay ni nada. Pero correspondiste mi beso y... si haces esto conmigo, no esperaré que vuelvas a hablarme de nuevo. Sólo... por favor, no me humilles después. No podría soportarlo. —Se quedó mirándose las manos.

Draco se sentó junto a él.

—No puedo —dijo con suavidad. Vio cómo una lágrima caía desde el rostro de Harry hasta sus dedos, uniéndose a los copos de nieve que se derretían allí.

—Lo comprendo —dijo con voz ronca.

—No, no lo comprendes. No puedo sólo hacer esto y no hablarte de nuevo. No te ayudaré a menos que estés de acuerdo con mis términos.

Harry levantó la vista, y sus ojos enrojecidos estaban esperanzados.

—Cualquier cosa. Necesito hacer que esto se detenga.

—Bien. Entonces debes acatar mis condiciones. Uno: esto no es un revolcón ocasional. Si hacemos esto, quiero la opción de hacerlo otra vez. Y otra, y otra, preferiblemente —sonrió, libidinoso—. Dos: no sólo te hablaré después de esto, sino que espero que estés conmigo tanto tiempo como sea posible. Tres: espero que les hables de mí a tus amigos, porque no seré el secreto sucio de nadie. A cambio, yo se lo diré a los míos y los amenazaré físicamente si te lastiman de alguna forma. Y también trataré de ser respetuoso con tus amigos, si ellos son educados conmigo.

—Estás de coña —Harry estaba mirando a Draco con la boca abierta.

—Cierra la boca, no he terminado. Cuatro: si decides usar motes conmigo, no toleraré Drakie ni ninguna variación de eso. Pansy siempre trata de llamarme así y eso me enferma físicamente. Y cinco, lo más importante: no haremos esto hasta que tenga la oportunidad de decirte que he estado enamorado de ti desde quinto curso y que no me tomo esto a la ligera. ¿Está claro?

Harry sacudió su cabeza.

—¿Tú me quieres?

Draco le cogió de las manos.

—No sólo te quiero. Estoy loca, perdida, ridículamente enamorado de ti. No soy una persona cursi, así que no esperes esa declaración todos los días. Aunque hay algo en ti que me hace querer hacerte mimos todo el día... y los Malfoy no hacemos mimos.

Una sonrisa se había extendido por el rostro de Harry.

—Me amas. Maldita sea, me amas.

Draco frunció el ceño.

—Creo que ya hemos dejado eso claro. ¿No hay nada que quieras decirme?

—Oh, Draco —Harry retiró sus manos de las de Draco y arrojó los brazos alrededor del rubio—. Te amo muchísimo.

—Estás nevándome encima.

—Sí, bueno, eso no va a parar hasta que nos pongamos manos a la obra, así que, ¿empezamos?

— Ponernos manos a la obra. Acabo de conseguirme al más romántico de los novios —Draco puso los ojos en blanco y se levantó.

—Perdón. Draco, con el cabello como rayos de luna, ojos como la plata líquida más pura y labios hechos de pétalos de rosa, ¿desearías hacer el amor conmigo?

—Vale, ahora tengo ganas de vomitar.

Harry sonrió abiertamente y atrajo a Draco para besarlo.

—Lo siento... Drakie.

¡Potter!

—Es la última vez. Lo juro.

—Mejor así. Me estoy mojando y no en el mejor sentido. ¿Vamos? —Draco gesticuló hacia la cama y Harry asintió.

—Draco, yo nunca he...

—Yo tampoco. No te preocupes. Ven aquí.

Harry permitió que Draco abriera el cinturón de su túnica y se la quitara; luego desabotonó la camisa de su pijama y la empujó por encima de sus hombros. Harry repitió los movimientos con Draco hasta que los dos tuvieron el torso desnudo, y entonces sus labios se encontraron.

El beso fue lo más dulce que habían compartido hasta ese momento. Comenzó con suavidad, pero pronto se convirtió en una apasionada danza de lenguas y dientes y labios. Harry cerró los ojos y se deleitó con la sensación de la boca de Draco devorando la suya. El tintineo de los cascabeles comenzó a apagarse cuando unas manos exploraron sus pechos y espaldas desnudas. Harry se retiró para mirar a su amante y sonrió. El rubio estaba sonrojado y los copos de nieve se habían adherido a sus largas pestañas.

—Merlín… te amo —susurró Harry.

Draco sonrió dulcemente y capturó sus labios con otro beso. Se envolvieron como si trataran de escalar uno en el otro, y sus delgados pantalones de pijama no podían ocultar la evidencia de sus erecciones.

Draco gimió y deshizo el cordón de los pantalones de Harry, permitiendo que cayeran a sus pies, metiendo mano rápidamente a su erección. Harry jadeó y con manos temblorosas hizo lo mismo para corresponder. Pronto, estuvieron frenéticamente acariciándose uno al otro y colapsando sobre la cama.

—Quiero follarte, Harry —resolló Draco.

—Sí, hazlo —estuvo de acuerdo Harry, succionando desesperadamente el cuello de Draco.

—Pero... ¿Qué pasa con el muérdago? ¿No tienes que hacérmelo tú para que funcione?

—No sé si eso importa, pero si no, podemos intentarlo después.

—No quiero convertirme en un muñeco de nieve, Harry. Fóllame. Tenemos el resto de nuestras vidas y pretendo tener un justo intercambio en ambos roles.

Harry sonrió con ternura y acarició el cabello de Draco.

—¿Quieres pasar el resto de tu vida conmigo?

—Sí, pero eso no será posible si mis pelotas explotan por tanta espera para correrse, así que, ¡date prisa!

Harry se rió.

—Necesito algo de lubricante, ¿verdad?

—Demonios, ¡pues claro que vas a usar lubricante! —exclamó Draco.

—Está bien, está bien —Harry se concentró y abrió el cajón de la mesilla de noche. Una botella de lubricante apareció allí.

—Perfecto —susurró.

—Oh, dioses, date prisa —gimió Draco. Su polla estaba hinchada y goteaba, y Harry se lamió los labios.

—Creo que primero necesito atender esto —rió lascivamente hacia Draco y se acomodó entre sus piernas. Con una última mirada hambrienta, tomó la polla de Draco con la boca y succionó con fuerza.

Draco bramó. Sus caderas se levantaron involuntariamente y Harry luchó por no asfixiarse, pero no titubeó en sus atenciones. Acarició el pesado saco mientras chupaba la dura polla, saboreando el gusto salado preseminal que manaba de la punta. En sólo un momento, Draco estaba sacudiéndose fuerte y Harry sintió sus bolas tensarse justo antes de que su boca se viera llena por el espeso líquido. Se lo tragó todo y lamió la polla de Draco para tomar hasta la última gota de la culminación de su amante.

—Bueno, eso ha sido penoso —dijo Draco con voz ronca.

—No, ha sido jodidamente sexy —corrigió Harry.

—Sí, bueno, tenía la esperanza de durar un poco más.

—¿Estás de broma? Me tienes tan locamente caliente que será una suerte si logro meterte la polla entera antes de correrme.

Draco gimió.

—Dioses, te deseo dentro de mí desesperadamente. ¿Puedes prepararme?

—¿Prepararte?

—Ya sabes... ¿distenderme? Con los dedos.

—¡Oh! Sí, por supuesto, lo haré. En realidad... —Con el rostro todavía en medio de las piernas de Draco, Harry estudió la pequeña abertura bajo sus testículos. Experimentalmente, levantó las pelotas de Draco y lamió el agujero.

—Oh, ¿qué me estás haciendo, Harry? —jadeó Draco.

—Sólo estoy probando —Harry lamió con fuerza y Draco se llevó las piernas al pecho para permitirle un mejor acceso. Besó la fruncida entrada y presionó con la lengua hacia dentro. Después de un breve momento, notó que la polla de Draco se llenaba con rapidez. Gruñó y empujó su lengua lo más profundo que pudo, arrancando un gemido al rubio antes de arrodillarse y recoger la botella de lubricante.

Harry se echó un poco del resbaladizo fluido en la mano para cubrir sus dedos. Gimió en la misma medida que Draco mientras introducía un dedo dentro de la imposiblemente apretada entrada y comenzaba a follar a su amante lentamente con el dedo.

—Más, Harry —lo urgió Draco, sin aliento. Harry asintió e introdujo un segundo dedo dentro de él. Los enrolló y giró, aflojando el músculo.

—Te necesito, Harry —resolló Draco—. Estoy listo, ¡vamos!

Harry no se hizo de rogar dos veces. Cubrió su goteante polla con lubricante y presionó el glande en el pequeño agujero de Draco. La presión era intensa y él se concentró en su respiración para desconectar su mente de la alucinante sensación. Pulgada a pulgada empujó su polla hasta que estuvo completamente adentro. Miró hacia abajo, en dirección a Draco, cuyos ojos estaban cerrados.

—¿Te encuentras bien? —preguntó con ansiedad.

—Sí... vamos...

Harry se inclinó sobre Draco y lo apretó entre sus brazos. Juntos, instintivamente, comenzaron a moverse como si fueran uno. Harry sabía que no iba a durar mucho, y le besó con cada onza de pasión que tenía. Draco se estremeció bajo él.

—Ese punto... —jadeó—. Fóllame ahí, justo así...

Harry frunció el ceño y se preocupó por embestir en el mismo ángulo, una y otra vez. Draco gimoteó ante la increíble estimulación y por la fricción de su polla frotándose contra el estómago de Harry, y justo cuando éste gritó y lo llenó, él se corrió por segunda vez.

Los dos colapsaron juntos, todavía aferrados uno al otro.

—¡Hey! ¡La nieve se ha ido! —exclamó Harry.

Draco miró hacia arriba.

—También el muérdago. Lo logramos.

—Sí, lo hemos conseguido —Harry sonrió y besó a Draco sonoramente—. ¿Puedo preguntarte... por qué escapaste cuando nos besamos el otro día?

Draco suspiró.

—Estaba asustado. Pero si osas decírselo a alguien, lo negaré y te hechizaré para arrancarte las pelotas, ¿entendido?

—Sí, cariño —Harry besó la mejilla de Draco y se quedaron acostados juntos, en un cómodo silencio.

—¿Harry?

—¿Hmmm?

—¿Realmente piensas que mi cabello parece rayos de luna?

 

 

~*~

 

Decir que sus amigos quedaron impactados era decir poco pero, una vez se recuperaron de la sorpresa, todos se alegraron por Harry. Incluso Ron, y Harry había temido que a él le costara más aceptarlo.

La noche antes de las festividades de Navidad, Draco y Harry estaban en la Sala Común de Gryffindor. Draco había invitado a Harry a su casa para las vacaciones escolares, y Harry había aceptado. Los Gryffindor de séptimo año estaban sentados alrededor de la chimenea hablando de sus planes para la temporada, o al menos intentándolo.

Ron y Hermione estaban besuqueándose a conciencia en una esquina, Neville y Ginny estaban en otra y Draco estaba sentado a horcajadas sobre el regazo de Harry, en el sofá.

Dean sacudió su cabeza con tristeza hacia Seamus.

—Otro que muerde el polvo —se lamentó.

Seamus suspiró mostrando su acuerdo.

—Lo sé. Justo lo estuve hablando con Fred y George en Hogsmeade este fin de semana, sobre cómo todo el mundo parece estar emparejado, excepto tú y yo. Solos de nuevo para las fiestas.

Un niño de primer año entró en la habitación con dos cajas.

—¿Seamus y Dean? Esto acaba de llegar para vosotros vía lechuza.

Se miraron uno al otro y las cogieron. Seamus abrió la suya y frunció el ceño.

—Una carta de Fred y George, y... ¿muérdago? Hay una nota aquí debajo.

—¿Qué dice? —preguntó Dean.

Draco y Harry rompieron su beso y se miraron el uno al otro.

—¡No! —gritaron al unísono.

 


Fin

 


 

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