Pairing: Snarry

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Rating: G

 

 

Culpó al escocés.

Si Severus no hubiera estado bebiendo de manera constante durante dos horas de la botella de Glenmorangie que había llevado a la sala de profesores después de terminar su clasificación el ocho de enero, probablemente nunca hubiese compartido el hecho de que nunca había recibido un regalo adecuadamente envuelto en su vida.

Seguramente no lo habría hecho frente a Potter.

A la mañana siguiente, recordaba haber tratado de explicar a la sala en general que eso no significaba que nunca hubiese recibido regalos. Por supuesto que los había recibido. Su madre le había dado cosas, y Albus siempre le había dado algo y había... bueno, otras personas, estaba seguro, aunque no pudiese llegar a recordar sus nombres en ese momento.

Los recuerdos que proporcionaba su mente sobre la reacción de Potter ante su embriagado vómito de recuerdos era bastante más confuso; Severus no estaba muy seguro de si la expresión de su nuevo colega era una mirada de lástima o de diversión. En cualquier caso, estaba seguro de que habría hechizado a Potter si tan sólo pudiese haber recordado lo que había hecho con su varita.

Por lo general, Severus se habría aprovechado del hecho de que el 9 de enero era su cumpleaños para evitar asistir a un desayuno en el Gran Salón, pero a pesar de las varias pociones que había tomado la noche anterior y esa mañana, pensó que sería buena idea desayunar lo suficiente como para absorber el alcohol que quedaba en su organismo antes de tener que impartir su primera clase.

Esta decisión demostró ser menos racional.

En torno a su silla en la mesa principal había dos docenas de globos muggles, cada uno adornado con las palabras "Feliz cumpleaños". Donde debería haber estado el plato, había un regalo.

Un regalo muy grande, debidamente envuelto.

 

 


Por un momento, Severus miró con incredulidad el regalo; sólo salió de su trance cuando uno de los hombres (el segundo por la izquierda en la fila inferior, para ser exactos) le guiñó un ojo. Severus miró a la izquierda y luego a la derecha, mirando a cada uno de sus compañeros uno a uno y tratando de establecer cuál de ellos había sido el culpable. Por desgracia, ninguno destacó de alguna forma en particular (es decir, todos ellos se negaron a enfrentarse a su mirada y estaban, en cambio, riendo sobre sus cuencos de sopa).

Potter, sin embargo, brilló por su ausencia, lo que no dejó ninguna duda en la mente de Severus de que él era el que había orquestado este ridículo despliegue. Severus se aseguraría de que pagaba en condiciones por ello, si no fuera por el hecho de que el regalo resultó ser una caja entera de Glenmorangie.

Tal vez el castigo de Potter podía esperar hasta después de que Severus terminara el whisky.

 

 

~*~

 

 

Si Severus pensó que Potter sólo mostraría su pueril sentido del humor en su cumpleaños, se había equivocado tristemente. En poco más de un mes —el 14 de febrero, de hecho— Severus se sentó a cenar, sólo para que uno de los búhos de la escuela dejara caer un paquete envuelto en frente de él.

El envoltorio en sí era inofensivo, pero el regalo dentro del envoltorio... bueno, Severus encontró alivio en la nota que le sugería que esperara hasta que regresase a sus habitaciones antes de abrirlo...

 

 


Se preguntó varias veces en las semanas que siguieron por qué no se limitaba a tirar los tres pares de calzoncillos ridículos. Sin duda, el hecho de que fuesen increíblemente suaves al tacto (y más aún una vez se los probó en condiciones) no era razón suficiente para ignorar la vergüenza potencial si se hubiese abierto algo así delante de los estudiantes.

El problema era, por supuesto, que la primera vez que se encontró con Potter después de recibir el regalo, Severus no sólo estaba disfrutando de una de las botellas de whisky que Potter le había regalado por su cumpleaños, sino también —en contra de toda razón— llevaba un par de los malditos calzoncillos, cosa que de alguna manera ese maldito alborotador parecía saber, si es que sus repetidas miradas a las ingles de Severus suponían algún indicio.

El rubor que Severus sintió en la cara debía de haber sido resultado del alcohol.

 

 

~*~

 

 

Cuando ni marzo ni abril trajeron ningún paquete envuelto para regalo, Severus comenzó a relajarse, incluso yendo tan lejos como para intercambiar una broma o dos con Potter cuando lo veía por los pasillos.

Y de vez en cuando en la sala de profesores.

Y una vez o dos en las comidas.

De hecho, Severus se volvió tan complaciente que la llegada de un paquete durante el almuerzo del 1 de mayo (un día en que Potter había ido a algún sitio, a visitar a algún Weasley o a otro) le tomó bastante por sorpresa.

A primera vista, el patrón sobre el papel de regalo parecía ser poco más que las típicas imágenes del Día de Mayo. Había una Reina de Mayo, gente joven bailando en torno a una cruz de mayo, campanillas, nomeolvides, prímulas y ramitas de sicomoro, e incluso una tropa de bailarines Morris (que eran en realidad bastante buenos; Severus tuvo que admitirlo después de quedarse mirándolos durante unos minutos).

Sin embargo, cuando Severus lanzó un hechizo de ampliación, esparcidos por el pequeño pueblo había pequeños fuegos de Beltán (1), junto a los que bailaban pequeños pares y tríos compuestos de hombres y mujeres desnudos (en su mayoría hombres, notó Severus), preparándose para adorar a la Diosa, a su propio modo...

 

 


¿A qué demonios estaba jugando Potter? Severus se pasó la tarde y la mayor parte de la noche reflexionando, cada vez más confuso, hasta que finalmente abrió el regalo y descubrió una colección de ingredientes para pociones tan raros que incluso alguien tan experto en la materia como Severus había empezado a pensar que algunos de ellos habían desaparecido en todo el mundo.

Colmillo de Minotauro de tierra, por el amor de Dios. ¿Dónde lo había conseguido Potter?

 

 

~*~

 

 

En los siguientes cuatro meses, Severus se aseguró de ser él quien enviase un regalo antes de que Potter pudiese mandarle nada. Severus estaba condenado si le debía otro a Potter.

Se negó a admitir, incluso ante sí mismo, que había elegido los regalos con cualquier tipo de atención particular, incluso el que acababa de pasar a ser entregado en el cumpleaños de Potter.

Y no envolvió ninguno.

 

~*~

 

 

El 31 de octubre, Severus regresó a su habitación sólo para encontrarse un pequeño paquete envuelto en papel de color naranja y atado con un lazo negro que lo esperaba en la mesa de su estudio. Teniendo mucho menos interés en cómo Potter había sido capaz de conseguir atravesar sus barreras que en descubrir lo que le había enviado en esta ocasión, Severus desató la cinta y miró en el interior...

 

 


"Bu' a ti también", pensó, riendo para sus adentros.


Para cuando Severus se fue a la cama, ya se había comido los doce fantasmas.

 

 

~*~

 

 

El Día de Guy Fawkes, sólo cinco días más tarde... bueno, Potter pareció haber subestimado el poder de los fénix, incluso aquellos que se encuentran en papel de regalo, puesto que antes de que Severus pudiese siquiera considerar abrir su regalo, el maldito pájaro estalló en llamas y redujo a cenizas el regalo de Severus...

 


Potter pareció tan decepcionado que Severus le invitó de nuevo a sus habitaciones para tomar una copa.

 

 

~*~

 

 

Cuando amaneció el día de Navidad, las cosas habían llegado a tal estado que Severus incluso esperaba alguna clase de paquete envuelto. De hecho, la verdad es que tenía ganas de ver lo que podría ser.

Sin embargo, no hubo regalo esperando en la mesa cuando entró en el Gran Salón para el desayuno, ni tampoco esperándole a la hora del almuerzo.

No encontró los regalos en la clase de Pociones.

No hubo regalos en la sala de profesores.

Ningún regalo le esperaba en su sala de estar cuando por fin —un poco decepcionado— volvió solo a su mazmorra.

Severus suspiró. Había sido casi divertido mientras duró, pero era evidente que Potter había perdido el interés en cualquiera que fuese el juego al que había estado jugando, y si Severus era honesto consigo mismo, pensó mientras caminaba hacia su dormitorio, esto era realmente lo que había sospechado que sucedería todo el tiempo; es decir, nada de nada.

Y entonces, Severus abrió la puerta de su dormitorio.

Allí, en el centro de su cama, había un paquete muy grande que fácilmente podía llegar al metro ochenta de largo. El papel de envolver, cuando Severus llegó lo suficientemente cerca para verlo, era un poco horrible (estaba un poquito demasiado cerca de una pesadilla que había tenido cuando tenía dieciséis años en la participaban una ducha, un pato de goma y su antiguo Jefe de Casa), pero por lo menos el fondo verde era aceptable...

 

 


Cuando quitó el papel de regalo, lo que encontró esperándole fue a Potter, desnudo como el día en que nació, con un lazo verde y rojo y plata y oro atado alrededor de la polla.

Sería una grosería, pensó Severus mientras subía a la cama, rechazar semejante regalo.

 

Fin

 


 

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(1) Beltane o Bealtaine (en irlandés Buenfuego) es un antiguo día festivo irlandés celebrado el 1 de mayo. Wikipedia. Vuelve.