Pairing: Harry/Draco

Ubicación original

Rating: NC-17

 

 

Ésta ha sido una mala idea, reflexionó Harry. Debería haberlo sabido desde el principio. Quizás debería haberse dado cuenta, pero su cerebro había dejado de funcionar correctamente cuando Draco Malfoy le abordó en el vestíbulo y le pidió que fuera a la Fiesta de Navidad de Slytherin. El problema era que Malfoy había sonreído tan radiantemente que su rostro entero se había iluminado, y había bajado las pestañas seductoramente. No es que necesitara hacerlo, puesto que estaba suficientemente tentador con su ropa inadmisiblemente ajustada.

Sí, debería culpar a la ropa ajustada. La ropa y la palaba vente que todavía resonaba en su cabeza. Y esa sonrisa, por supuesto, que hacía que su interior se agitara furiosamente.

Así que era por eso por lo que Harry estaba allí, solo entre los Slytherin, completamente borracho y semidesnudo.

Al menos debería haber dicho que no cuando le invitaron a jugar al póker. No sabía jugar, pero obviamente tampoco sabía decir que no a peticiones que salían de la sonriente boca de Draco Malfoy. Quizás si hubiera sonreído con desprecio, como normalmente hacía, habría sido más fácil.

Los Slytherin hacían trampas; Harry era consciente de ello. Primero habían dicho que cada vez que perdiera, debía beber un trago. Y entonces, después de que su visión se hubiera vuelto borrosa y la rubia cabeza de Malfoy pareciera sospechosamente brillante, habían dicho que perder significaba que debía también quitarse una prenda de ropa. Y ahora que Harry estaba sentado con tan sólo su ropa interior, cambiaron las reglas de nuevo.

—Se beberá todas nuestras reservas —se quejó una voz masculina—. Nosotros también deberíamos divertirnos.

—¡Muy bien! —dijo alguien, y Harry se dio cuenta más tarde que había sido él mismo.

—¿Ves? Él está de acuerdo —exclamó alegremente otra voz.

—Uh, oh… —gruñó Harry mientras unas manos cayeron sobre sus brazos desnudos y le pusieron de pie. Todo a su alrededor se balanceó peligrosamente y se negó a parar hasta que estuvo tendido sobre una fría y dura superficie. En ese momento, todo empezó a girar violentamente.

—¡Argh! —chilló, agarrándose la cabeza, que había caído hacia atrás, sin ningún apoyo—. Vuestro árbol de Navidad está cabeza abajo —dijo, maravillado, pero entonces alguien tiró de sus piernas, y su nuca golpeó algo duro.

Harry reflexionó sobre su situación durante un momento, y al final concluyó que estaba tumbado sobre una mesa con un montón de Slytherin apiñados a su alrededor. Lo que era muy raro, y el Gryffindor estaba muy incómodo, echado allí semidesnudo, mientras todo el mundo miraba.

Pero no pudo ponderar su vergüenza durante mucho tiempo, porque le obligaron a preguntarse por qué demonios Blaise estaba exprimiendo un limón sobre su cuerpo desnudo. Eso sí que era realmente raro. Más raro todavía fue cuando el limón fue reemplazado por sal. Y entonces Harry dejó de plantearse cosas, porque tuvo que jadear fuertemente cuando algo abrasador golpeó su pecho.

—Mmm. Un chupito de tequila Harry Potter. Creo que me va a encantar —ronroneó alguien.

—Dulce Merlín, lo has hecho todo mal —se quejó una voz—. Sal en la piel, lima en su boca, tequila en la tuya. ¡Estúpido!

Harry se retorció en la mesa, escuchando apenas. Francamente, se estaba empezando a enfadar. Eso no era cómodo en absoluto. Y Malfoy no aparecía por ninguna parte. El Gryffindor había abierto la boca, intentando regañar a esos locos por echar algo desagradable sobre su piel y además por esconder la reluciente cabeza rubia de Malfoy, pero le apaciguaron rápidamente ofreciéndole un espectacular show de luces.

Luces rojas danzaron sobre su cabeza, disparando hacia derecha e izquierda mientras la gente gritaba, y Harry empezó a animarse, intentando coger los rojos haces de luz. Sin embargo, la exhibición acabó casi antes de haber empezado propiamente, y Potter frunció el ceño y giró la cabeza, mirando sorprendido a su alrededor. Al parecer, el espectáculo de luces era demasiado para los Slytherin, porque estaban todos echados en el suelo. Claramente, o se habían desmayado o se habían muerto.

—¡Malditos borrachos idiotas! Lamed el suelo, ¿queréis? —dijo una voz conocida, y Harry se giró para mirar agradecido la reluciente cabeza de Malfoy. Era el único que quedaba en pie.

—Sí —reconoció Harry, ansioso de coincidir con Malfoy—. Asesinados por un show de luces. ¿Cuán estúpido hay que ser?

Malfoy le miró y sacudió la cabeza, pero su mirada permaneció en el pecho desnudo del Gryffindor.

—Joder —dijo groseramente, pero a Harry no le importó en absoluto, porque al instante siguiente el rubio se había inclinado sobre él y su húmeda lengua alivió la quemazón en su pecho.

—Oh, eres genial —alabó Harry con gran placer, muy impresionado, mientras la lengua de Malfoy se movía rápidamente y lamía, arremolinándose sobre su caliente piel, sintiéndose espectacular y aliviando la incómoda quemadura. Harry no sabía que la lengua del Slytherin tuviera poderes curativos. Se preguntó si el resto del mundo lo sabía, aunque esperaba que fuera un secreto que hubiera decidido compartir con él y nadie más. La boca de Malfoy se detuvo sobre sus pezones, succionando y mordisqueando ahí un largo rato, hasta que Harry no pudo hacer nada más que gemir patéticamente y permitir que su cuerpo se disolviese en papilla.

El aliento de Malfoy acarició fantasmalmente su cuello, y luego sus labios, mientras gemía.

—Joder, Potter. Mierda.

—Tsk, tsk. Deja de decir tacos. Es de mala educación —le regañó Harry, apuntándose mentalmente que tenía que decirle a Hermione lo apropiadamente que se había portado en la fiesta de los Slytherin. Pero entonces, después de darse cuenta de que Malfoy había parado de moverse, instruyó—: Más. —Su petición no tuvo efecto, así que recordó que él mismo debería ser más cortés—. Más, por favor —dijo educadamente.

Malfoy gimió contra sus labios cruelmente, sin besarlos, y entonces se quejó antes de elevar la cabeza y mirarle a la cara.

—Dulce Merlín, estás muy borracho —le acusó.

—No lostoy —argumentó Harry, con un indignado gritito.

—Vamos. —Draco le agarró por los brazos, levantándole. Harry no pudo prever exactamente eso, así que dejó que Malfoy le llevara a una posición erguida—. Si vomitas te mataré, Potter —le amenazó, aunque el Gryffindor no pudo entender qué quería decir con eso.

Pero entonces el Slytherin se inclinó y le agarró por la cintura, haciéndole cosquillas en los costados. Se rió tontamente, pero entonces su visión giró de nuevo mientras era levantado y su cabeza cayó para colgar boca abajo. El contenido de su estómago se apresuró hacia su boca, pero consiguió no vomitar, recordando que el castigo por eso sería la muerte.

Las cosas se habían puesto raras de nuevo, y Harry pensó en su destino, mientras veía cómo el suelo se movía bajo él. Se sentía como un saco de patatas, con las manos y la cabeza balanceándose, pero fueran cuales fueran las consecuencias, esos extraños eventos tenían unos maravillosos resultados. No sabía por qué, pero sus manos estaban al nivel de unas firmes y redondas nalgas escondidas detrás de una ajustada ropa. Obviamente, esas eran las nalgas de Malfoy; las habría reconocido en cualquier parte. Curioso, meció débilmente los brazos y azotó la firme carne que tenía delante para ver si sus manos rebotarían. Mira tú por dónde, hicieron exactamente eso, mientras el cuerpo entero de Harry se sacudió.

—¡Potter! ¡Maldita sea! ¿Qué estás haciendo? —gritó Malfoy, sonando como si su cabeza estuviera en algún sitio cerca de sus caderas—. Haz eso otra vez y te dejaré caer.

Harry no escuchó nada más que la petición de hacerlo de nuevo, así que obedientemente hizo lo que le habían pedido. Riendo mientras su acción le hacía balancearse peligrosamente, lo repitió una y otra vez, azotando el culo de Draco con las palmas de sus manos al ritmo de Dulce Navidad.

—Potter, te juro que… —dijo Malfoy colérico, sonando ridículamente afectado y sin aliento. Entonces el propio culo de Harry fue cruelmente pellizcado, consiguiendo inmediatamente su atención—. ¡Para! —le ordenó—, o te dejaré aquí para que pases la noche.

Harry se detuvo, preocupado. Estaba ligeramente incómodo balanceándose de ese modo, y por lo tanto no quería dormir en esa posición.

Después de un largo rato, durante el cual Harry se entretuvo cantando villancicos, recordándose constantemente que no debía azotar más el culo de Draco (aunque todavía podía mirarlo mientras se movía), el balanceo se detuvo y parpadeó, dándose cuenta de que estaba mucho más oscuro. Unas manos le agarraron de las caderas, y fue echado bruscamente sobre algo blando.

—¡Oomph! —gritó sonoramente, sintiendo como si fuera a vomitar de nuevo.

—Ahí. Simplemente… duerme —dijo Malfoy desde algún lugar por encima de él.

Harry frunció el ceño, disgustado. Estaba en algún sitio blandito, sí, y era mucho más cómodo que aquella dura mesa, pero estaba frío. Alcanzó la mano y agarró una cálida manta, envolviéndola firmemente a su alrededor.

Qué extraño; la manta tenía extremidades.

—¡Potter, no!

¡Y hablaba!

—Potter, suéltame. Yo dormiré en otra cama.

Harry miró fijamente hacia delante con los ojos entrecerrados, y se dio cuenta de que su manta no era una manta en absoluto, sino Draco Malfoy disfrazado de manta. Y Draco-manta hablaba sobre camas. Lo que quería decir que estaba en una cama con Malfoy. Así que, en realidad, sólo había una cosa que pudieran hacer ahora.

—Deberíamos tener sexo —proclamó. Sus manos se dirigieron hacia abajo buscando un apéndice que Harry sabía que Malfoy tenía y que debería ayudarles con eso del asunto sexual.

—¡No, no, no! —gritó el rubio, atrapando las manos del Gryffindor justo cuando victoriosamente había agarrado algo duro y muy caliente.

—Sí, sí, sí —rebatió Harry, apretando su mano y acurrucándose más cerca de su manta.

—Joder —dijo Malfoy otra vez.

—Shhh —le enseñó Harry—. Lo llamaremos sexo. Es más cortés.

—No, Potter. Lo digo en serio. Sexo no.

—Eres una manta mala. Quiero otra. —Harry hizo morritos mientras sus manos eran cruelmente atrapadas y empujadas hacia su pecho.

—Potter, no podemos tener sexo.

—Bueno, obviamente, si tú no me dejas moverme —Harry suspiró exasperadamente, pero luego volvió a considerarlo—. Hmm. Bueno, supongo que aún podemos. Pero sería algo pervertido. Aunque también está bien. No me importa. Continúa.

Malfoy se quejó de nuevo.

—No, Potter, no puedo tener sexo contigo.

Harry frunció el ceño y apretó su nariz contra la del Slytherin, mirando fijamente a sus anchos y grises ojos.

—¿Por qué no? —preguntó, temiendo que Draco fuera impotente.

—Porque, si nos acostamos ahora, me odiarás por la mañana.

Harry reflexionó sobre eso durante un rato.

—¿De verdad eres tan malo? —cuestionó, preocupado—. Porque está bien. No creo que yo sea muy bueno tampoco —confesó, susurrando—. Pero sé cosas, así que puedo enseñarte. Quiero decir, sé cómo va todo. —Se mordió el labio—. Creo.

Curiosamente, Malfoy rió y lloriqueó al mismo tiempo.

—Eres tan… —suspiró, y entonces le giró para colocarle la espalda contra su pecho. Lo que era agradable, pero no era lo que Harry quería.

—¡Sexo, sexo, sexo! —exigió, aullando.

—No. Dormir.

Harry luchó para liberarse pero Malfoy le agarró más rápido.

—No. ¡Quiero sexo! Ya estoy medio desnudo y, ¿para qué? —razonó.

Malfoy sopló cálido aliento sobre la piel de su cuello, haciendo que temblara de placer.

—Potter, cállate y duerme, o me iré.

Harry emitió un grito ahogado, cerrando rápidamente la boca y los ojos con fuerza, determinado a no emitir otro sonido y convencer a Draco de que estaba durmiendo de verdad. Con sexo o sin sexo, no quería que Malfoy se fuera. Su pecho era cálido y se sentía agradablemente apretado contra su espalda.

Yaciendo inmóvil, Harry sintió cómo caía en el sueño y suspiró contento, olvidándose del sexo. En realidad eso era agradable también. Reflexionó brevemente sobre los eventos de la noche, y decidió que quizás aquella no era una mala idea después de todo.

—¿Malfoy? —susurró, esperando que si hablaba muy bajito engañaría a Draco y pensaría que en realidad estaba dormido.

—¿Qué? —refunfuñó el rubio.

—No quiero otra manta. Eres cálido y mullido. Creo que me quedaré contigo.

El cuerpo de Malfoy se sacudió, y Harry le escuchó reír. Justo cuando pensaba preguntarle de qué se reía, Malfoy presionó los labios contra su mejilla.

—Cuento con ello, Potter —dijo, con voz adormilada.

 

Fin

 


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